Mi historia con el Derecho comenzó mucho antes de ingresar a la Facultad.
Desde la adolescencia trabajé junto a mi madre, abogada especializada en Derecho de Familia y Sucesiones. Mientras cursaba el secundario y luego la Procuración, ya estaba en contacto con expedientes, entrevistas con clientes y redacción de escritos. Aprendí la profesión desde adentro, en la práctica cotidiana.
Mi abuelo también fue abogado y llegó a desempeñarse como Juez en el fuero Civil y Comercial de La Plata. Crecí viendo el Derecho como una vocación, un compromiso y una responsabilidad institucional. Mi camino profesional no fue lineal, mientras estudiaba, trabajé en distintos empleos y formé mi familia. Hubo años en los que combiné estudio, trabajo y maternidad para poder sostener mi formación. Después de finalizar la cursada y rendir los últimos exámenes pendientes, me recibí de abogada en el año 2019. Ese logro, junto con el nacimiento de mis hijos, fue uno de los momentos más importantes de mi vida. Con el tiempo abrí mi propio estudio jurídico y tomé una decisión clave: renunciar al Ministerio donde trabajé durante 15 años para dedicarme de manera exclusiva al ejercicio independiente de la profesión. Hoy continúo capacitándome de forma permanente, participando en congresos nacionales e internacionales —como el Congreso Internacional realizado en Nueva York en 2025— y coordinando una Red Nacional de Colegas especializados en Derecho de Familia y Sucesiones. Soy una abogada cercana, directa y comprometida con cada caso.
Y si algo tengo claro es cuánto amo esta profesión.